El Periodico

— Todo empezó el día de su boda.
— Sí, yo soy judía practicante, pero hasta ese momento no me había sentido discriminada. Cuando después de la ceremonia cogí el bolígrafo para firmar el acta de matrimonio, el rabino me dijo que yo no firmaba nada, sólo el marido.

— Cayó del guindo.
— Descubrí que, si me quería divorciar, dependía de la voluntad de mi marido. En la religión judía existe un documento llamado guet, que ostenta el hombre. Eso significa que si él no quiere ceder graciosamente el guet, a efectos religiosos no hay divorcio, aunque este se haya producido en el terreno civil. En caso de que la mujer tenga otra relación, a ojos del judaismo es una adúltera y los hijos que tenga de esa unión no pueden ser considerados judíos. Una situación paradójica en una comunidad que otorga a la mujer el papel de transmisora de la religión.

— También es paradójico que ocurra en el país de la libertad, la igualdad y la fraternidad.
— En Francia el judaismo es muy retrógado. En los últimos años se han producido brotes antisemitas que han llevado a la comunidad judía a replegarse. Antes los niños iban a la escuela laica francesa, ahora cada vez hay más escuelas judías, incluso hay un hospital maternal judío. Lo mismo ocurre con la comunidad musulmana, cada vez más encerrada en sí misma.

— ¿Somos más intolerantes ?
— Sí, juzgamos a la gente en función de su religión. Antes los niños de diferentes religiones éramos compañeros en la escuela. Ahora cada cual va con su banda. Hemos perdido la fraternidad, nos miramos con desconfianza.

— ¿Por eso usted y la periodista musulmana Kenza Braiga publicaron el libro Deux femmes en colère(Dos mujeres encolerizadas) ?
— Con este libro, pese a tener visiones diferentes, hemos intentado buscar los puntos comunes, tender puentes frente al peligroso proceso de tribalización de las comunidades religiosas. Ambas hacemos autocrítica de nuestras respectivas religiones y denunciamos la discriminación que sufren las mujeres debido, sobre todo, a la interpretación que han hecho los hombres de los textos sagrados.

— ¿Y no predican en el desierto ?
— El libro fue muy mal recibido por rabinos e imanes. Pero al menos ha conseguido abrir el diálogo, ya que hasta ahora no se hablaba del asunto. Aunque es verdad que las religiones en general son machistas, pueden evolucionar. Si prácticas como la poligamia y la lapidación de mujeres adúlteras ya no existen en el judaísmo pese a estar permitidas, significa que se puede avanzar.

— Feminismo y religión han sido hasta ahora conceptos más bien antagónicos.
— Es verdad que las mujeres religiosas no han sido muy activas, han tendido a aceptar la sumisión. La asociación Paroles de femmes intenta despertar las conciencias para que las mujeres, sean judías, musulmanas o católicas, tomen conciencia de que hay que luchar para ganar la igualdad. La revolución debe venir de dentro, es necesario que las religiones hagan autocrítica, que sus dirigentes levanten la cabeza de los textos, miren a su alrededor e intenten acercarse a la realidad social.

— ¿Por qué no centrarse en su religión ? .
— He querido hacer una asociación no política, abierta, que luche contra la discriminación y que rompa con los clichés de la religión como un círculo cerrado. La iniciativa cuenta con el apoyo de personalidades de todas las tendencias, como la actriz Isabelle Adjani o el exministro Luc Ferry, que es ateo. En tres semanas hemos recogido 450 firmas.

— ¿Qué aportarían las mujeres ?
— Hay que feminizar la religión para humanizarla. Las mujeres tienden más al diálogo, tienen otra visión de la vida. No digo que con las mujeres se acabaría el conflicto palestino-israelí, que es un asunto muy complicado, pero las mujeres en general tienden menos a la violencia. En la vida cotidiana, la desigualdad, el chantaje a las mujeres, genera mucha violencia.

— ¿Hay que evitar desigualdades prohibiendo el velo en las escuelas ?
— No es inteligente hacer una ley para eso. En Francia hay también una dictadura del laicismo, que estigmatiza a la gente por su religión. Aunque no estoy a favor del uso del velo ni de la kippa en la escuela pública porque, si se acepta, el siguiente paso es que las niñas no practiquen deporte o vayan a piscinas separadas de los niños, creo que habría que buscar fórmulas más flexibles.

Rédigé par Laura Cattan
Porte Parole de l'association PAROLES DE FEMMES